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Divididos en tres cestos
Éste termino significa simplemente “tres canastas” y no se sabe bien de dónde procede. Es posible que se refiriera a los tres cestos donde originalmente se guardaron y clasificaron los manuscritos antiguos. Una vez que se clasificaron los diferentes textos budistas surgió una distinción entre los pitakas sutra, vinaya y abhidharma. El primero engloba todos los discursos del Buda (u otras personas iluminadas). El segundo es la colección que se basa en el código de disciplina monástica y el tercero es el amplio proyecto de análisis que abordaron los eruditos budistas en su intento por sondear los mecanismos internos de la mente y su aprehensión (acaso errónea) del mundo. Sin embargo, es posible que Tripitaka se refiera sencillamente al proceso de transmisión de una persona a otra. En la India es común que se forme una línea donde la gente se va pasando canastas con tierra para hacer una construcción. Asimismo, puede ser que en un principio el término pitaka se derivara de la raíz pitr, “padre” y aluda a “lo que proviene del Padre”, es decir, del Buda. De cualquier manera, no importa de dónde provenga y qué signifique, la palabra Tripitaka ha sido santificada por un uso que data de milenios y siempre se refiere a los textos canónicos del budismo.


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La palabra del Buda

La palabra “canon” es más fácil que la entendamos. Hace referencia a una lista de textos, sobre todo sagrados, que se consideran genuinos. En la tradición budista sólo se otorga la calidad de canon a los textos que se veneran como budavachana, la verdadera palabra del Buda.

La tradición budista en su conjunto ha tomado este término de dos maneras. Para algunos literalmente implica el auténtico registro histórico de las enseñanzas del Buda Shakyamuni, aunque por lo general admiten como budavachana las enseñanzas que dieron los discípulos más avanzados y que el Buda aprobó de modo explícito. Para otros la palabra connota cualquier expresión verbal del estado de conciencia iluminada, ya fuera por Shakyamuni, por los subsecuentes maestros iluminados o, incluso, por budas o bodhisatvas arquetípicos. Dicho esto, hay una fuerza central en la tradición que corre por el canon y que, aun para el mahayana, mantiene en principio que “todo lo que está bien dicho es palabra del Buda” y duda si debe aceptar como tal cualquier enseñanza que choque con las fuentes tradicionales de las escrituras.

No son dogma
De todos modos, provenga de donde proviniere, nunca debemos olvidar que la literatura canónica budista es literatura. No es un almacén de textos autorizados donde uno pueda encontrar la última palabra definitiva sobre todos los asuntos, como los seguidores fundamentalistas de algunas creencias consideran a la Biblia, la Torá o el Corán. A veces es posible encontrar algo que se aproxima al fundamentalismo en ciertos círculos budistas, pero es una actitud que va en contra de la misma naturaleza de los textos de las cuales afirman depender y que no puede justificarse mediante la lectura de toda la literatura canónica budista. Cuando los kalamas de Kesaputta fueron a ver al Buda y le pidieron su consejo, ya que se sentían confundidos ante tantos maestros y tradiciones que aseguraban tener la verdad, el Buda reconoció la duda que ellos tenían:

Sí, kalamas, es comprensible que duden, es comprensible que estén vacilantes. Cuando se trata de un asunto dudoso surge la vacilación.

Ahora bien, kalamas, no permitan que los rumores, la tradición o los comentarios los hagan extraviarse. Que no los despisten con historias artificiosas ni por seguir la lógica o la inferencia. Tampoco por considerar razones o por reflexionar y aprobar alguna teoría. Tampoco porque les parezca conveniente y tampoco por mostrar respeto a un ermitaño (que la sostenga). Sin embargo, kalamas, cuando sepan por sí mismos: ‘estas cosas no son de provecho, son reprensibles, las personas inteligentes las encuentran censurables y cuando se hacen o se asumen conducen a la pérdida y la congoja’, entonces, kalamas, sí rechácenlas. (Anguttara Nikaya i.189, en la traducción de F. L. Woodward, The Book of Gradual Sayings, vol.i, Pali Text Society, Oxford 1995, pp.171-172)


Enseñanzas que deben constatarse con la propia experiencia
Debemos siempre poner a prueba en el crisol de nuestra propia experiencia cualquier afirmación que pretenda ser budavachana. Al mismo tiempo, debemos tener cuidado de sacar conclusiones apresuradas. Es necesario que sepamos que cuando se trata de la verdad trascendental hay muchas cosas que ignoramos y nuestro sentido ordinario de la verdad está muy arraigado en nuestras actitudes condicionadas no iluminadas.

Budavachana es lo que comunica una mente o un corazón iluminados a la mente o el corazón de alguien que no está iluminado. Existe para el beneficio de todos los seres. Por lo tanto, se trata de literatura del más alto nivel posible y es como tal que debemos procurar su lectura.


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