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Rituales mágicos antiguos Indios y los Budas
Para comunicarnos con esos estratos más profundos debemos hablar su idioma y ése es el lenguaje de la mitología, el símbolo y la magia. La magia es la “tecnología” que el hombre primitivo utilizó para controlar su mundo. Si queremos transformar nuestras primitivas profundidades está de más que les hablemos conceptualmente de la impermanencia y del shúnyata. Tenemos que hacer uso de la magia.

De este modo es que el tantra tomó prestados ritos mágicos de su contexto étnico y los aplicó para sus propósitos. Podemos notarlo en las sadhanas (practicas de visualización) que tienen que ver con las familias del mandala de los cinco Budas.


Akshobya se relaciona con el veneno del odio, el cual transmuta en sabiduría. El tantra hace esto adoptando los rituales mágicos para la destrucción y cambiando sus objetivos. En lugar de destruir a los rivales y enemigos, los ritos se han refinado y ahora erradican al odio y a los obstáculos que nos impiden llegar a la iluminación. Ratnasambhava, el Buda amarillo que se asocia con la tierra, se relaciona con la magia aplicada a las cosechas. De hecho, tiene que ver con cualquier rito que implique incremento. El mago tántrico usa esta fuerza para aumentar su energía, su compasión, su comprensión del Dharma, etc. Amitaba, el Buda rojo del amor, naturalmente es el patrón de los ritos de fascinación. En vez de manipular a un antiguo amante para que regrese, el yogui o la yoguini provocan que todos los seres se enamoren del Dharma. Vairóchana, sereno en el centro del mandala, rige los ritos de la pacificación. Son las olas de las emociones negativas lo que sus ritos pacifican. La sabiduría que todo lo consigue, del Buda Amogasiddhi, le permite relacionarse con el éxito de cualquier forma de magia para obtener el siddhi supremo, es decir, el poder mágico de alcanzar la iluminación.

Siddha el adepto tántrico
Incluso, a veces, al adepto tántrico se le denomina siddha, el que ha obtenido poderes mágicos. Estos poderes pueden ser supranormales (como la levitación, la telepatía, etc.) o pueden implicar el desarrollo de cualidades espirituales. Hay un famoso grupo de 84 (a veces 85) mahasiddhas (grandes adeptos al tantrismo) que floreció en la India entre el siglo VIII y el XII. Ellos conforman el principio de una cadena de practicantes humanos del tantra que han desempeñado las principales formas del ejercicio tántrico hasta hoy. Abundan los episodios que narran la vida de estos 84 indios, hombres y mujeres, que demostraron el poder mágico que conquistaron por encima de los fenómenos naturales mediante la práctica del tantra.

Tercera aproximación
El tantra se dirige a la totalidad de la persona

El tantra es pragmático y aterrizado. No dejará sin transformar ningún aspecto de nosotros. El budismo distingue tres aspectos en un ser humano: el cuerpo, el habla y la mente y la práctica tántrica, por lo regular, incluye a los tres. El cuerpo participa haciendo postraciones, haciendo girar molinillos de oración, circunvalando, haciendo ofrendas y formando mudras. A los budas y bodhisatvas se les ilustra haciendo mudras que expresan sus cualidades espirituales. También el practicante tántrico realiza mudras, usando su cuerpo como base para la meditación y ésta es otra forma en que procura su participación física. Para el vajrayana no hay una experiencia espiritual completa si ésta no se ha infiltrado hasta las yemas de tus dedos.

El habla manifiesta su participación cuando recita, especialmente los mantras. La mente cuenta con visualizaciones simbólicas complejas, en las cuales mora. De esta forma, el vajrayana teje patrones de práctica que incluyen a todo el ser.

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