Viernes 22 de Agosto del 2014

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El superhombre y
así habló Zaratustra

Así Hablo Zaratustra y el Übermensch o sobre hombre “Superhombre”

Pongo entre comillas la palabra “superhombre” por dos razones. Primero para indicar que no es una traducción literal del término original que usa Nietzsche y, en segundo lugar, como una advertencia para que no le adhiramos al concepto de Nietzsche ciertas connotaciones dudosas que se le han agregado desde que los nazis lo emplearon para sus propósitos (y, claro está, para distinguirlo de Superman, el héroe de los cómics).



Übermensch

El término que utiliza Nietzsche es Übermensch, que literalmente no significa superhombre sino superior al hombre. Podríamos incluso decir que significa “muy por encima del hombre”. El Übermensch es el hombre que destaca muy por encima de los seres humanos tal como existen en el presente. Los trasciende. Asimismo, podríamos decir que es el “hombre trascendente”. En otras palabras, el superhombre de Nietzsche no es sólo una evidente humanidad actual, una humanidad cotidiana en un grado superlativo, sino un tipo de humanidad completamente diferente.

Ha quedado muy grabada la palabra superhombre como la traducción aceptada del Übermensch de Nietzsche porque durante mucho tiempo ha prevalecido en el mundo de habla inglesa como la expresión cultural más prominente del concepto de Nietzsche, debido a la obra de George Bernard Shaw, El hombre y el superhombre.

Nietzsche y la corrupción de sus ideas

Lamentablemente, después de la muerte de Nietzsche todo su modo de pensar se corrompió y se degradó de un modo desesperanzado en la comprensión popular. Ante todo, se envileció en manos de su hermana y, después, en manos de aquellos que intentaron relacionar las ideas de Nietzsche con la ideología nazi. Ha sido apenas en los años más recientes cuando se ha rescatado el pensamiento de Nietzsche, liberándolo de las malas interpretaciones más toscas para, por fin, interpretarlo con más exactitud, lo cual ha logrado muy bien el gran escritor y académico Walter Kaufmann.

Así hablo Zaratustra

Si queremos empezar a disfrutar de una auténtica probada de Nietzsche debemos observar la manera en que presenta su material, que como lo sugiere el título Así hablo Zaratustra es bastante individual. El Zaratustra de Nietzsche es literario. Es tan sólo el portavoz de las ideas del propio Nietzsche. Sin embargo, lo que los dos Zaratustras tienen en común es que aportan un mensaje a la humanidad.

Zaratustra comunica desde un nivel más alto

La primera sección del libro, “Prólogo de Zaratustra”, lo representa descendiendo de una montaña. Por supuesto, esto es simbólico y ésa es la intención. Zaratustra ha estado en la montaña durante diez años, pensando y meditando y ahora su sabiduría ya maduró y desea compartirla con los humanos.

Dios ha muerto
En su descenso lo reconoce un santo ermitaño que ha vivido mucho tiempo en el bosque, al pie de la montaña y que recuerda haberlo visto hace mucho, cuando subió. El ermitaño trata de persuadir a Zaratustra para que no deje la montaña: “La gente es muy ingrata y distraída. No malgastes tu tiempo con las personas. Es mejor ser un ermitaño, vivir en la selva con las aves y las bestias, olvidarse del mundo de los hombres y sencillamente venerar a Dios”, pero Zaratustra deja al ermitaño y sus oraciones en el bosque y conforme continúa con su camino se pregunta: “¿Será posible que ese viejo santo en la espesura de la montaña no haya oído todavía que Dios ha muerto?”.

La contundente observación de que Dios ha muerto constituye una de las percepciones más importantes de Nietzsche y se ha repetido a lo largo del siglo XX y seguirá en el siglo XXI, dando lugar a todo un movimiento de pensamiento moderno y teológico que promulga “la muerte de Dios”. Nietzsche fue el primero que vio que Dios ya no estaba más allá arriba, en los cielos. De hecho, vio con claridad algo que desde entonces muchos han llegado a notar también, aunque habrá quienes declaren sin embargo que él está totalmente equivocado.

Nietzsche; Dios y el hombre

Lo que vio fue que la enseñanza del cristianismo ortodoxo, con su creencia en un Dios personal, un ser supremo, un creador, junto con las doctrinas del pecado y la fe, la justificación, la expiación y la resurrección habían muerto, caducado, eran ya irrelevantes. Su declaración anunciaba el inicio de lo que algunos identificarían como una era postcristiana. Si Dios había muerto, entonces el concepto cristiano del hombre también había muerto. El concepto del hombre como un ser que ha caído, un ser que por ser desobediente y pecaminoso necesita de la gracia para redimirse. Un ser que ha de ser juzgado y, quizá, castigado. Ese concepto ya no es relevante. Han explotado todos los viejos dogmas.

De modo que hace falta un nuevo concepto de quiénes y qué somos los seres humanos. Si nos encontramos en un universo sin Dios estamos solos. Por lo mismo, tenemos que tratar de entendernos nuevamente. Ya no podemos aceptar respuestas preparadas. Nos encontramos aquí y ahora, en medio de un universo cuajado de estrellas, parados en la tierra, rodeados por otros seres como nosotros, con una historia a nuestras espaldas y con un futuro por delante. Ahora tenemos que preguntarnos (y la pregunta es para nosotros, puesto que no hay nadie más): “¿Quién soy? ¿Qué soy?” Esto es lo que Zaratustra hizo en la montaña. Pensó, meditó y contempló durante diez largos años y ahora sabe lo que es el hombre. Ahora le trae a la humanidad el mensaje de lo que aprendió.


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