Martes 30 de Septiembre del 2014

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Ratnasambhava: el que nació de una joya


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El Buda de la abundancia. El Buda amarillo se sienta sobre un gran trono de loto ambarino, sostenido por cuatro caballos. En su mano izquierda tiene una joya. Su mano derecha muestra el mudra de la generosidad (mudra varada). No hay límites para su esplendidez. Si estás en su mundo sentirás una abundancia de energía y creatividad; una felicidad que se desborda. Sentirás amor y sabiduría que crecen, como plantas que florecen en una tierra fértil. El mediodía es la hora que se relaciona con Ratnasambhava. Su dorado resplandor dulcifica todo y su sabiduría resalta las características comunes de la experiencia. Ve los infinitos aspectos de la vida, todos igualmente vacíos de sustancia inherente. A Ratnasambhava se le asocia con la transformación del orgullo en la sabiduría de la igualdad y con el reino humano dentro de la rueda de la vida. Ratnasambhava ve la “humanidad común” que hay en todos los seres y se ocupa de todos por igual.

Generoso como la tierra
Su nombre se podría traducir también como “el productor de joyas”. Se le vincula con la riqueza y, a veces, se le describe como el Buda de la generosidad. Al ser infinitamente rico no se para a hacer distinciones de valor y da abiertamente. Todos los seres son igualmente preciosos. Después de todo, a él se le relaciona con el elemento tierra y la tierra es la gran niveladora. No importa cuál sea nuestra posición social, raza o sexo, todos estamos hechos de la arcilla común. La dorada luz solar de Ratnasambhava brilla lo mismo sobre un palacio que sobre un chiquero. Al contactar con su sabiduría desarrollamos una solidaridad con todas las formas de vida. La sabiduría de la igualdad nos da ecuanimidad. Experimentamos los “ocho vientos mundanos” (ganancia y pérdida, fama y deshonra, elogio y censura, placer y dolor) todos como lo mismo. Nos volvemos como la tierra que recibe todo por igual. Dejamos de relacionarnos con las cosas de un modo personal. La sabiduría de la igualdad no consiste en dar justicia igualitaria de una manera fría. Se trata de una poderosa identificación positiva con toda la vida. La luz dorada de Ratnasambhava disuelve las fronteras entre yo y los demás. Cuando ellas desaparecen se desvanece el sentido de propiedad o pertenencia. Entonces compartimos con los demás sin que exista siquiera una sensación de estar dando, porque para dar se requiere que haya un “yo” que da y “otros” que reciben.

No hay necesidad de ser mezquino
El emblema de Ratnasambhava es la joya. Él es la cabeza de la familia Ratna (joya) y a la cultura occidental, inclinada hacia el consumismo y el materialismo, le ofrece una puerta muy atractiva para acceder al Dharma. La transformación esencial que él nos aporta es un cambio de una mentalidad de pobreza a una de prosperidad. Por lo regular, andamos preocupados con nuestra vida y tenemos un sentimiento de que algo nos falta. No nos alcanza el dinero, no somos lo suficientemente atractivos, necesitamos una casa más grande, etc. Cuando comenzamos a andar por el sendero espiritual empiezan a calmarse las escandalosas demandas de nuestras insuficiencias físicas. Nos preparamos para llevar una vida más sencilla pero, aun entonces, es normal que sigamos sintiendo que algo nos falta, sólo que ahora transferimos esa sensación al plano espiritual. Con ese sentimiento de déficit vamos buscando meditaciones más deliciosas, gurús más famosos y una enseñanza más poderosa. Continuamos persiguiendo la satisfacción en el lugar equivocado. Aún somos llevados por una pobreza interna en busca de riquezas externas que nos llenen. Reflexionar acerca de Ratnasambhava le da un giro a ese sentimiento. Podemos verlo verter riquezas espirituales sobre el universo sin que parezca preocuparse de que esos tesoros se le puedan agotar. Como su fuente de riqueza es la iluminación incondicionada tiene acceso a una reserva infinita de energía espiritual. La idea de ser cauteloso, racionar y acaparar lo que tiene es algo que jamás sucede en su tierra pura, llamada “la Gloriosa”. En su reino todo fluye en abundancia.

Es un error buscar satisfacción en lo condicionado

Si nos desarrollamos por el sendero de Ratnasambhava dejaremos de sentir escasez material. Nos daremos cuenta que el mundo superior de lo espiritual nos puede dar la satisfacción infinita que no podrían ofrecernos un Mercedes Benz y un penthouse. Nuestra propia mente es fuente de riquezas sin fin. La sabiduría de la igualdad de Ratnasambhava nos demuestra que no importa si adoptamos un papel de alto o bajo nivel, el resultado es el mismo. Seguimos estando demasiado pendientes de nosotros mismos. También nos señala la puerta de salida. No es posible dar de verdad sin tener conciencia de los demás. El acto de dar te lleva más allá de ti. Ves las necesidades de los otros y lo que podría satisfacerlas. Si estamos conscientes de los demás entramos en el reino de los humanos. Éste es un plano de cooperación. Aquí uno tiene que relacionarse y dejar de sentir el aislamiento del orgullo. Es el único reino en el que puedes sentir de manera natural el apoyo de los demás y por lo mismo escapar, tanto del orgullo como de la falta de autoestima. También, es el único reino en el que puedes sentir empatía por otros. Al sentir empatía uno se enriquece con la riqueza de los demás, apreciando sus cualidades y deleitándose en su felicidad.

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