Viernes 28 de Noviembre del 2014

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Kasyapa: el maestro de las austeridades



Kasyapa (Kassapa en Pali) fue un asceta formidable, dedicado a la meditación solitaria. Los primeros años de su vida apenas y lo prepararon para los rigores que, con mucho entusiasmo, habría de acoger cuando conoció al Buda.

Juventud de Kasyapa

Nació en el seno de una familia opulenta en Magadha, en la India y tuvo una niñez llena de placeres. Sus padres notaron que no disfrutaba tanto la vida seglar y temieron que un día se marchara en busca de un camino espiritual. Ellos deseaban tener un heredero, así que lo presionaban continuamente para que contrajera matrimonio. Un día, para que dejaran de importunarlo tanto, le pidió a un orfebre que le hiciera una figura femenina de oro puro, exquisitamente bella y noble. Entonces les dijo a sus padres, “me casaré cuando me encuentren a una muchacha como ésta”.

Sus padres buscaron por todas partes y, por fin, encontraron a una doncella que se parecía a la estatua. Se llamaba Bhaddha Kapilani. Ella y Kasyapa se casaron debidamente, pero también ella abrigaba firmes deseos espirituales, por lo que ambos conservaron su castidad.

Cuando murieron los padres de Kasyapa, él y su esposa se vistieron con mantos ocres, se cortaron el cabello mutuamente y tomando sus cuencos de mendigar abandonaron juntos la vida hogareña. Cuando llegaron a la primera encrucijada, Kasyapa tomó el camino de la derecha y ella el de la izquierda. Así se separaron.

Bhaddha tomó el camino a Shravasti, donde se unió a la sangha de bhikkhunis, alcanzó el estado de arahat y se dedicó a la educación de las monjas más jóvenes.

El encuentro con el Buda
Cuando Kasyapa y su esposa Bhaddha se separaron la tierra tembló bajo la fuerza de su renunciación. El Buda percibió esto y supo que un destacado discípulo llegaría pronto, de modo que se dispuso a conocerlo. Partió para encontrarse con él y una vez en el camino se sentó a esperar bajo la sombra de una higuera india. Su aura iluminaba la zona. Cuando Kasyapa vio al Buda sentado ahí con toda su gloria se dio cuenta enseguida que ese hombre era el maestro que buscaba y se postró a sus pies. “¡El Bendito, Señor, es mi maestro y yo soy su discípulo!”, exclamó. El Buda lo recibió como discípulo y le dio tres reglas que debía seguir para su entrenamiento:

Así deberás adiestrarte, Kassapa: “Estará presente en mí un vehemente sentimiento de vergüenza y temor de cometer algún mal (hiri-ottappa) hacia los monjes de mayor edad, hacia los novicios y hacia los de rango intermedio en la orden.

“Cualquier enseñanza que escuche y que conduzca hacia algo bueno la escucharé con oído atento, la examinaré, reflexionaré sobre ella y la absorberé con todo el corazón.

“¡No menospreciaré la atención consciente del cuerpo ligada al contento!”. Es así como habrás de seguir tu entrenamiento. (Del yataka 469, citado en Great Disciples of the Buddha, p. 118)


El suceso del cambio de hábito con el Buda

Kasyapa se despojó entonces de su fino hábito y lo acomodó para que el Buda se sentara. El Buda alabó la suavidad de tan finas telas y Kasyapa respondió, “por favor, tómalo. Tú debes portarlo”. “¿Pero que usarás tú?”, preguntó el Buda. “¿Será demasiado atrevimiento rogar que mi maestro me regale su ropaje?”, dijo Kasyapa. “Pero está viejo y gastado. No es más que los remiendos unidos de diversos trapos. ¿De verdad te vestirías con esto?”, preguntó el Buda. “¡Lo tendría en mucho mayor estima que cualquier otra cosa!”, exclamó Kasyapa. Entonces, intercambiaron ropajes.

Las prácticas de austeridad de Kasyapa
Consciente del gran honor que el Buda acababa de hacerle, Kasyapa abrazó para sí mismo las dhutagunas, una serie de prácticas ascéticas particularmente austeras, las cuales siguió durante el resto de su vida. Entre éstas figuraba el vestir nada más hábitos remendados y no tener más de tres juegos de ropajes; vivir sólo de limosnas; no omitir ninguna casa durante su recorrido al pedir limosnas, sin importar que quienes habitaran en ellas pudieran ser muy pobres o groseros; sentarse a comer sólo una vez al día y siempre del mismo cuenco de las limosnas, rechazando cualquier otro alimento; vivir en el bosque o a la sombra de un árbol o al aire libre o en un osario; satisfacerse con cualquier morada que pudiera conseguir; y siempre dormir erguido, no acostado.

La iluminación de Kasyapa
No pasó mucho tiempo después de su ordenación para que Kasyapa alcanzara la iluminación. Sin embargo, siguió practicando las dhutagunas no sólo en su propio beneficio, decía, sino como un ejemplo para los demás.

Kasyapa y el leproso
En el Theragatha cuenta la siguiente anécdota. Un día, bajó de la montaña para hacer su ronda de pedir limosnas y en la calle se encontró con un leproso que estaba tomando sus alimentos y cortésmente se paró a su lado. El leproso, con su mano leprosa, puso un trozo de comida en el cuenco de Kasyapa pero, cuando lo hacía, uno de sus dedos se le desprendió y cayó con el resto de los alimentos. Congruente con sus votos, Kasyapa se sentó junto a una pared cerca de ahí y empezó a comer. “No me dio asco, ni entonces ni después. Quienes toman las cosas como vienen, viviendo de sobras y usando nada más que orina de vaca como medicamento, tomando trapos viejos de los tiraderos de basura para vestir con ellos y morando al pie de algún árbol, en verdad que pueden estar contentos en cualquier parte”. (adaptación de Theragatha 1057)

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