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Es necesario esforzarse para despertar
En contraste con esta actitud, Hakuin señala la necesidad de llevar una práctica espiritual continua, incluso después del primer despertar.

Son personas... que no hacen nada. No participan en ningún acto religioso ni desarrollan un poquito de sabiduría. No hacen más que desperdiciar sus vidas durmiendo como holgazanes, como tejones en coma. No son de provecho para sus contemporáneos y cuando mueren son completamente olvidados. No son capaces de dejar tras de sí ni siquiera una sílaba propia para contribuir a la profunda deuda que adquieren con los patriarcas del Buda.

Llueva, truene o relampaguee, ellos insisten: “Somos budas tal como somos, cuencos plenos sin barnizar” y así devoran rebosantes pilas de arroz día con día. Luego defecan majadas humeantes que parecen de caballo. ¡Abundante material de relleno para esos cojines! Esa es la suma de sus logros. No pueden conducir ni siquiera a una persona a la otra orilla, a la emancipación, para saldar el compromiso adquirido con sus propios padres. Ellos creen que son puras bobadas los dichos budistas, como el que afirma que “cuando un niño deja su hogar para seguir la vida religiosa, sus familiares más cercanos nacerán en los reinos celestiales durante nueve generaciones”.

A ellos les digo: “Con toda seguridad saben que hay 52 etapas de práctica por las que pasa un bodhisatva para convertirse en un buda. Éstas comienzan con el surgimiento de la mente religiosa y terminan con las últimas etapas de la suprema iluminación. Para algunos bodhisatvas la iluminación ocurre de manera repentina. Para otros sucede en forma gradual. Para algunos el logro es completo y para otros es parcial. Si ustedes tienen razón cuando hablan de “ser como son” en esa calidad de “cuencos plenos” que dicen tener, entonces las etapas de la práctica del bodhisatva que se establecieron hace tanto tiempo están equivocadas. Mas si las etapas que nos han legado desde épocas remotas están en lo correcto, entonces ser como ustedes son, como “cuencos plenos”, es un error. Una vez el Buda les dijo a sus discípulos que preferiría verlos renacer como viejos zorros con gangrena que verlos convertirse en seguidores de los dos vehículos [hinayana]. Sin embargo, los seguidores de los dos vehículos no son nada en comparación con ustedes, bola de canallas, ignorantes, desvergonzados, irracionales y autocomplacientes. (Ibíd., pp. 65-66)

Canto de Alabanza al Zazen
Hakuin fue el abad de varios monasterios zen. Entre ellos el Ryutaki-ji, que aún ahora es uno de los monasterios más importantes de Japón. Él murió en 1769. Su Canto de Alabanza al Zazen enfatiza la importancia que le confirió a la práctica de sentarse con dedicación. Todavía se le entona con regularidad en los templos zen de Japón y su traducción es, asimismo, muy utilizada en Occidente:

Todos los seres son, desde el mero comienzo, budas.
Es como el agua y el hielo,
si no hay agua no hay hielo,
si no hay seres vivos no hay budas.
Por no saber lo cerca que está, uno busca en lo más lejano. ¡Qué pena!
Es como si alguien que está metido en el agua gritara que tiene sed.
Es como el niño que nació en una casa rica y se ha extraviado entre los pobres.
La razón por la que recorremos el ciclo que pasa por los seis mundos
es que caminamos por los oscuros senderos de la ignorancia.
Andamos un camino oscuro sobre otro camino oscuro,
¿cuándo escaparemos así del nacimiento y la muerte?
No hay palabras suficientes para alabar
la meditación zen del mahayana.
La generosidad, la moralidad y las demás perfecciones,
adoptar el Nombre, el arrepentimiento, la disciplina
y todas las demás acciones correctas
nos llevan de nuevo a la práctica de la meditación.
Gracias al mérito que se obtiene por sentarse una sola vez
uno destruye una cantidad innumerable de errores.
¿Cómo puede esa persona hallar caminos equivocados?
El paraíso de la Tierra Pura no está lejos.
Cuando se escucha esta verdad con reverencia, aunque sólo sea una vez,
aquél que la alaba y la acoge con alegría obtiene méritos sin fin.
¡Cuánto más aquél que mira hacia su interior
y confirma de manera directa su propia naturaleza,
que su propia naturaleza es ninguna naturaleza,
ése ha trascendido los mundos vanos!
La puerta se abre y la causa y el efecto son una sola cosa,
el camino conduce derecho. No son dos, no son tres.
Tomando como forma la forma de la no-forma,
ya sea que vaya o venga, siempre está en casa.
Tomando como pensamiento el pensamiento del no-pensamiento,
ya sea que cante o que baile, todo es la voz de la verdad.
Amplio es el cielo del samadhi infinito,
radiante la luna llena de la cuádruple sabiduría.
¿Qué queda por buscar? Ante él el nirvana es claro,
en este mismísimo lugar el paraíso del loto, en este mismísimo cuerpo el Buda.
(Trevor Leggett [traductor] A First Zen Reader, Charles E. Tuttle, Rutland 1960, pp. 67-68)


Fuente: Teachers of Enlightenment, Kulananda, Windhorse Publications.

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