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Un monje distinguido por el Estado
Como aristócrata, se esperaba que Dogen se relacionara con la corte y las autoridades políticas del shogunato, pero evitó esas situaciones hasta 1247, cuando recibió una invitación oficial para viajar a la capital, donde enseñó durante un tiempo y, al final, recibió el manto púrpura, la mayor distinción que el Estado otorgaba a los monjes. Eiheiji, el monasterio que fundó Dogen en la parte central del norte de Japón, sigue siendo la sede principal de la Orden Soto. En la actualidad hay cerca de 15 mil templos soto en Japón y los practicantes de esta escuela afirman contar con siete millones de seguidores.

En 1253, al decaer su salud dejó Eiheiji y regresó a Kyoto para recibir tratamiento médico. Murió ahí ese mismo año, haciendo zazen.

El espíritu de la práctica, según Dogen

El Shobogenzo Zuimonki consiste principalmente en breves pláticas, exhortaciones e instrucciones que dio Dogen, que recopiló su discípulo Ejo y que fue editado por los discípulos de este último después de su muerte. No contiene las sutilidades filosóficas del Shobogenzo de Dogen ni da una idea muy completa de su pensamiento, pero transmite de manera directa el espíritu con que Dogen veía la vida monástica y la práctica del zen:

Un día Dogen dio esta instrucción: Deben entender que un hombre que ha nacido en determinada casa y desea practicar el oficio que realiza su familia tiene que entrenarse primero en la especialidad que domina su familia. Es un error esforzarse para tratar de dominar un conocimiento y adiestrarse en un arte que está fuera de su propia especialidad y competencia.

Ahora bien, como hombres que han dejado su casa, si en verdad desean entrar a la casa del Buda y ser monjes deben aprender a profundidad lo que se supone que han de hacer. Aprender estas cosas y observar las reglas significa deshacerse de los apegos que uno tiene hacia sí mismo y conformarse a las enseñanzas de los maestros zen. El requisito esencial es abandonar la avaricia. Para lograr esto, antes deben liberarse del egoísmo. Liberarse del egoísmo es tener una profunda comprensión de la transitoriedad. Ésta es la consideración primordial.

A la mayoría de la gente en el mundo le gusta verse a sí misma como una buena persona y que los demás piensen eso de ellas. Esto es algo que casi nunca ocurre. Sin embargo, si poco a poco van dejando su apego al yo y siguen el consejo de su maestro habrá un progreso. Pueden decir que sí entienden pero aún no consiguen renunciar a ciertas cosas y pueden practicar zazen mientras conservan diversos apegos. Si adoptan esta actitud se están hundiendo en el engaño.

Para que un monje zen progrese el prerrequisito primordial es la práctica de un zazen concentrado. Sin discutir quién es más listo y quién es un inepto, quién es sabio y quién es necio, simplemente practiquen zazen. Entonces mejorarán de manera natural. (Reiho Masunaga (traductor), A Primer of Soto Zen: a translation of Dogen’s Shobogenzo Zuimonki, Universidad de Hawaii, Honolulu 1971, pp. 7-8).

Fuente: Teachers of Enlightenment, Kulananda, Windhorse Publications.

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