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      Aclarando los principios y las prácticas del Budismo en el mundo.

Dar es lo que nos enriquece
Acepto el principio de adiestramiento de no tomar lo que no me ha sido dado.
Con generosidad purifico mi cuerpo.

Del mismo modo que no queremos morir, tampoco queremos separarnos por la fuerza de nuestras posesiones. Lo que nos pertenece, en gran medida, forma parte de nuestra identidad y privar a alguien por la fuerza de sus propiedades es una forma de violencia. No sólo no debemos arrebatar las posesiones a otra persona, sino que tampoco deberíamos robarles ni el tiempo ni la energía, a menos que la ofrezcan libremente. En lugar de tomar, podemos aprender a dar. Por lo general tendemos a preservar nuestra identidad incorporando a ella aquello que, creemos, le proporcionará seguridad y bienestar. Tal orientación, que nos mantiene unidos al samsara y es la fuente de todo sufrimiento, puede cambiarse de forma gradual a través de la práctica consciente de la generosidad. Dar es la contrapartida natural de la no violencia y si se entiende el camino budista como un adiestramiento hacia la paz, también lo es hacia la generosidad. Al cultivar la generosidad se deshacen los vínculos con el egocentrismo.

La difícil cuestión de la conducta sexual
Acepto el principio de adiestramiento de apartarme de malas conductas sexuales.
Con tranquilidad, sencillez y contento purifico mi cuerpo.

Las escrituras budistas apenas abordan el tema del sexo. Los monjes y monjas hacen voto de castidad y los códigos monásticos especifican, con todo detalle, qué actos excluye el voto, pero no se prescribe nada para aquellos que no viven en monasterios. Suele interpretarse este precepto como una reprobación de la violación, el adulterio y el secuestro, pero de hecho es mucho más que eso.

El sexo es importante para todo el mundo. El instinto sexual es muy fuerte y conduce a toda clase de comportamientos extraños. La cultura budista se caracteriza porque nunca ha intentado controlar la sexualidad mediante el sentimiento de culpa, como se observará al visitar algunos países de Asia. El budismo no discrimina a la gente por sus preferencias sexuales. Se puede ser heterosexual, homosexual, onanista, travestido o célibe. El budismo tampoco ha glorificado la familia nuclear. El matrimonio no es un sacramento budista sino, simplemente, un contrato social. Si se consideran las diferentes culturas budistas del mundo se observará que se aceptan socialmente la monogamia, la poligamia y la poliandria, las cuales se entienden como diferentes maneras de organizar la vida.

Lo importante es que el comportamiento sexual de uno no lastime a los demás ni se le conceda un valor desproporcionado al sexo. Vivimos en una cultura que da una importancia desmesurada al sexo, mismo que se convierte en el núcleo vital de muchas personas. Cuando un individuo busca refugio en las Tres Joyas, el sexo se desplaza del centro a la periferia de la vida y el apego a él disminuye. La tensión de la polarización y el deseo sexual aumentan la dualidad sujeto/objeto. En un estado de excitación sexual, la persona objeto del deseo es sólo eso, un objeto. Para muchas personas la conciencia nunca experimenta un estado de división ansiosa tal como cuando están excitadas sexualmente, sobre todo si el deseo queda frustrado. El estado contrario, el de complacencia, es decir, sentirse a gusto con uno mismo y con el mundo, no aparece mediante la satisfacción del deseo, sino debido a su eliminación.

El valor de la palabra
Acepto el principio de adiestramiento de apartarme de la mentira.
Con una comunicación veraz purifico mi habla.

La cultura humana se basa, en gran medida, en la comunicación y para que ésta tenga sentido ha de ser veraz. Si no podemos confiar en la certeza de lo que se nos comunica, la sociedad se desintegra con rapidez. Por lo tanto, mentir significa cometer un acto de violencia contra la sociedad. Además, cuando mentimos nos perjudicamos. La mayoría de las veces lo hacemos para proteger nuestra identidad, con lo que incurrimos en la autoprotección, perpetuando así un proceso mediante el cual giramos en un círculo reducido de preocupación egoísta.

La mentira constituye, asimismo, un acto de violencia contra otros individuos. Al mantener la verdad alejada de ellos les condenamos a una neblina de irrealidad. Buscar refugio en el Buda significa buscar refugio en aquel que descubrió la verdad de las cosas y la encarna. La sangha se compone de hombres y mujeres que han asumido esta verdad. La mentira se opone por completo a las intenciones budistas en su conjunto.

No intoxicar la mente ni el cuerpo
Acepto el principio de adiestramiento de abstenerme de ingerir intoxicantes. Con una conciencia clara y lúcida purifico mi mente.

La claridad mental, una de las cualidades más preciadas en el budismo, constituye el medio a través del cual penetramos finalmente en la niebla del engaño, origen del sufrimiento universal. Mediante la claridad mental nos liberamos de los lazos de la ignorancia y nos convertimos en seres capaces de ayudar a los demás a hacer lo mismo. La práctica de la meditación budista se propone el desarrollo de la claridad mental y emocional. A medida que la neblina opresiva de la confusión se desvanece nacen sentimientos de alegría y liberación. Cuando el individuo se compromete con el desarrollo y mantenimiento de estados mentales claros se siente, de forma progresiva y natural, menos inclinado a sacrificar la claridad obtenida por una copa de alcohol. Al mismo tiempo, conforme la sensibilidad aumenta como resultado de la práctica de la meditación, el individuo adquiere cada vez mayor conciencia de los efectos secundarios tóxicos del alcohol.

Una auténtica lista de productos perjudiciales incluiría, no sólo al alcohol y las drogas, sino también todas aquellas actividades que entorpecen, confunden o perturban la mente. Asistir a un multitudinario partido de futbol o ir a la discoteca puede ser perjudicial. Demasiada televisión entumece la mente. Incluso comprar puede resultar un hábito pernicioso. El consumo habitual de drogas conduce a la dependencia. Si uno toma un vaso de whisky cada noche para relajarse, a la larga no conseguirá relajarse sin beberlo. La práctica del budismo ayuda a relajarse y disfrutar de cada estado mental sin necesidad de recurrir a las drogas. Cuando se ha experimentado el éxtasis de la absorción meditativa, el placer de las drogas es como una vulgar pintura barata colgada a la entrada de una importante galería de arte. ¿Por qué distraerse con ella cuando dentro nos esperan tantos tesoros?

Fuente: Budismo, Kulananda, Windhorse Publications.

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