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Un camino gradual que culmina con el Sutra del Loto
A Chih-i le atribulaba la cantidad de aparentes contradicciones y diferencias doctrinales que había en las escrituras traducidas al chino por aquellos días, de modo que se dedicó a trabajar en un inmenso programa de sistematización. Consideró que todas las principales variedades de doctrinas budistas eran auténticas y supuso que todas habían estado presentes en la mente de Shakyamuni desde el momento de su iluminación. Tomó entonces una idea que le inspiró el Sutra del Loto y enseñó que el Buda había desarrollado sus enseñanzas de manera gradual, en cinco períodos, tomando en cuenta la capacidad de quienes escuchaban sus palabras. A medida que sus discípulos iban progresando en el camino espiritual podían ir absorbiendo doctrinas más profundas. En el quinto y último período, el Buda predicó el Sutra del Loto y fue éste el que Chih-i ayudó a establecer como la escritura más popular del Asia Oriental. El sistema que desarrolló estaba lleno de detalles enciclopédicos. Sus conocimientos eran ampliamente respetados y atrajo mucho respaldo popular.

Balance entre estudio y meditación
Para Chih-i, el estudio y la meditación eran igualmente indispensables. Criticaba a quienes se conformaban sólo con un budismo intelectualizado y a los que practicaban sin contar con la base de un entendimiento. Esa actitud se expresa en la enseñanza que desarrolló sobre “calma y visión clara”, chih-kuan o samatha-vipassana, que sigue siendo una de las formas de práctica de meditación más difundidas en el budismo chino y japonés.

Cómo hay que meditar

Ésta es la introducción al chih-kuan que viene en su T’ung meng chih-kuan o “Dhyana para principiantes”:

“Evita todo mal, favorece todo bien, mantén pura la mente. Ésta es la enseñanza del Buda”.

Hay muchos y muy diversos senderos que van al nirvana pero para nosotros el más importante es el sendero de dhyana. Dhyana es la práctica del control de la mente, por medio de la cual detenemos los pensamientos y buscamos alcanzar la verdad en su esencia. Esto significa que es la práctica de “detener y percibir”. Si frenamos cualquier pensamiento discernidor evitaremos caer en posteriores acumulaciones de error, en tanto que la práctica de la percepción disipará las fantasías. Detenerse es refrescar lo más esencial de la conciencia y percibir se puede comparar con una pala dorada que desentierra un tesoro de riquezas trascendentales. Detenerse es una entrada al maravilloso silencio y la paz de la potencialidad (dhyana-samapatti), mientras que percibir es una entrada a las riquezas de la intuición y la inteligencia trascendental (matti-prajña). Conforme uno avanza por este sendero adquiere la posesión total de los medios para enriquecerse y beneficiar a los demás...

Podemos comparar estos dos poderes, samapatti y prajña, con las ruedas de un carro y las alas de un águila. Si el practicante sólo tiene uno de ellos su vida estará desequilibrada... Aunque los errores que se derivan de la falta de equilibrio pueden ser distintos a los que se deben a la ignorancia, ambos nos conducen a las mismas percepciones erróneas. Esto explica con claridad que si hemos de alcanzar la suprema y perfecta sabiduría de manera inmediata, necesitamos mantener ambos poderes con igual balance. Debemos estar preparados y listos...

Quienes en serio buscan la verdad pero se encuentran más avanzados no deberían contemplar con desprecio lo que señala este libro, ya que ha sido escrito de manera sencilla y para los principiantes. Deberían ser humildes y prudentes, ya que se encontrarán con dificultades cuando quieran practicarlo. Es posible que algunos consigan digerir sus enseñanzas con facilidad y que en lo que dura un parpadeo sus obstáculos se derrumben, su inteligencia se desarrolle sin que nada la obstruya y lo mismo ocurra con su comprensión paranormal, pero si uno sólo lee de manera superficial el significado literal y no penetra en su sentido no podrá encontrar su camino a la iluminación. Esa lectura sería nada más una pérdida de tiempo. Un lector así sería como un hombre pobre que pasa el rato contando los tesoros de otra persona sin que por ello se enriquezca. (Wai-tao [traductor], “Dhyana for Beginners”, en Dwight Goddard (ed.), A Buddhist Bible, p.438-440)

Grandes obras, en beneficio de todos los seres
Chih-I fue, además, un gran organizador, constructor y sabía reunir fondos. Se dice que estableció 35 monasterios y que consolidó la trascripción al chino de 15 volúmenes completos del Tripitaka. Dedicó mucho tiempo a viajar y enseñar, siempre en buenas relaciones con la corte real. En el 597 el emperador lo invitó a visitarlo pero, cuando se hallaba en camino, Chih-i enfermó gravemente. Comprendió que la muerte se acercaba y ofreció parte de sus pertenencias a una imagen de Maitreya. Poco después de esto murió, mientras invocaba al buda Amitaba.

Fuente: Teachers of Enlightenment, Kulananda, Windhorse Publications.

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