Martes 30 de Septiembre del 2014

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Biografía

del Buda histórico

Siddharta Gautama nació en una condición de privilegio; su padre, Suddhodana, un hombre de riqueza y poder, su madre, Mayadevi, una mujer refinada y sin preocupaciones. Al momento de su nacimiento, un adivino, Asita, predijo que el pequeño estaba destinado a un imperio político o espiritual, e indudablemente sus padres consideraron apropiado para su hijo este augurio. Tal vez por esta razón eligieron su nombre, Sarvarthasiddha, “el que ha cumplido todas las metas”, o Siddhartha, “el que ha cumplido su meta”.

Madres y la esposa del Buda
Su madre murió poco después de su nacimiento, y en sus primeros años fue criado y alimentado por su tía, Mahaprajapati.

Aunque dedicada al entrenamiento apropiado para un joven de su posición, su vida temprana estuvo caracterizada por el lujo, ya que su padre consideraba que su apuesto hijo debería estar apegado firmemente a las ventajas de la riqueza y el poder, y por ende decidir por la vida del imperio político. Para los dieciséis años de edad se le había asignado ya una joven esposa, Yasodhara.

La crisis de Siddharta
Los planes de su padre sin embargo no tendrían éxito, por esta época el joven comenzó una exploración física e intelectual que tendría consecuencias de largo alcance. Este período en su desarrollo es capturado o simbolizado por la historia de “las cuatro escenas” o “cuatro descubrimientos”, cuatro experiencias formativas que sucedieron al joven cuando viajaba en su carruaje.

Enfermedad, vejez y muerte
Empezando con la aparición por el camino de un anciano, la primera vez que Siddhartha entendería realmente el hecho del inevitable envejecimiento, seguido de confrontaciones similares con la enfermedad y la muerte, estas impactantes profundizaciones sobre la condición humana perturbaron su complacencia hacia su vida de privilegio y le forzaron a reconocer que tales condiciones dolorosas e indignas le esperaban a él y a su bella esposa, asi como seguramente también a los demás seres.

Un buscador errante
El cuarto descubrimiento, un encuentro con un hombre errante en busca de la verdad, un parivrajaka, sembró en su mente una semilla, que se convertiría en una convicción de que existía una alternativa a la aceptación pasiva del sufrimiento y el decaimiento, pero que esta búsqueda requería una acción radical e incluso dolorosa.

Su hijo
El evento final que parece haber inclinado la balanza de la decisión hacia su anhelo por la libertad de explorar la “Noble Búsqueda”, que lo llevaría al imperio espiritual predicho por Asita, fue el nacimiento de su hijo con Yasodhara. Frustrado, vio el nacimiento de su hijo como el nacimiento de un encadenamiento.

El principe deja todo para buscar la liberación

Su respuesta a este evento sería decisiva. Sin la aprobación e incluso el conocimiento de sus padres, partió de su casa, dejando atrás esposa e hijo, familia y estatus social, placer y privilegio. A la edad de veintinueve cortó su cabello, se vistió con los gastados hábitos de un vagabundo, y comenzó su búsqueda por la verdad y la liberación.

Sus primeros maestros

Su primer pensamiento fue encontrar un maestro, y se dirigió al sur, hacia Rajagrha, donde conoció al rey de Magadha, Bimbisara – un período emotivamente descrito en el poema antiguo, Pabbajja Sutta del Sutta Nipata.

El gran Alara Kalama
Encontró a su primer maestro, Alara Kalama, quien le enseño una forma de meditación que lo llevó a un elevado estado de absorción, técnicamente conocido como akimcanyayatana, la “esfera o estado de la nada”. Sin embargo, aún cuando eventualmente alcanzó el nivel de conocimientos de su maestro, Siddhartha reconoció que dicho estado carecía de una dimensión moral y cognoscitiva, que no había logrado diferencia alguna en su condición humana, pues aún se encontraba sujeto al envejecimiento, la enfermedad y la muerte y que su búsqueda no había terminado.

A pesar de que Alara Kalama le ofrecía la codirección de sus demás discípulos, Siddhartha partió en busca de una guía superior.

Maestro Udraka Ramaputra
Una situación similar se desarrolló con su siguiente maestro, Udraka Ramaputra, quien le instruyó en el logro de una absorción meditativa llamada naivasamjñanasamjñayatana, “estado o esfera de la ni percepción ni no-percepción”, y quien eventualmente le ofreció la dirección de sus seguidores.

El ascetismo extremo de Siddhartha
Una vez más, no era lo que Siddhartha buscaba, y se dedicó ahora al ascetismo con la esperanza de que esto le revelara una solución a su búsqueda. Durante cinco o seis años vivió en Uruvela (Uruvilva), junto al Río Niranjana (Nairañjana), al lado de cinco compañeros ascetas, primero como compañía, después como seguidores. Se toruraba a si mismo a extremos sin precedente, sosteniendo la respiración durante largos períodos, y posteriormente reduciendo a extremo su ingesta de alimentos. El relato de esta fase en su búsqueda se encuentra en el Mahasaccaka Sutta.

Habiendo puesto en peligro su vida con su búsqueda en el ascetismo, Siddhartha una vez más rechazó su logro, esta vez por peligroso y excesivo.

Siddhartha sigue su intuición
Volvió a tomar alimentos en cantidad razonable, y por esto fue rechazado por sus discípulos ascetas quienes le abandonaron, parte entonces para el parque de los ciervos en Rsipatana, cercano al actual Benarés. En estado de profunda resolución se sentó bajó un árbol a la orilla del Niranjana, donde recordó una experiencia natural y espontánea de dhyana, o absorción meditativa que le había sucedido en su juventud mientras se encontraba sentado bajo un manzano, y tomando esto como una aproximación más balanceada y harmoniosa a su búsqueda.

El despertar de Siddhartha
Durante el transcurso de la noche, a través de la contemplación del misterio de la muerte y el renacimiento, de sus causas y sus condiciones, él llegó a un nuevo y profundo discernimiento de la naturaleza de nuestra condición, y de las cosas como en realidad son.

Esto fue su Iluminación, su “despertar” a la manera en que las cosas realmente son (yathabhuta), por lo que llegó a ser conocido como El Buda, “el que ha despertado”, a los treinta y cinco años de edad.

Dharmachari Sthiramati del libro: Budismo una historia concisa

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