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Los preceptos kadam
Muchas de las enseñanzas que Atisha les dio directamente a sus discípulos se conservan en lo que se conoce como preceptos kadam.

“Aunque mantengas los tres votos [de los tres yanas], si no renuncias a los tres reinos del samsara tus actividades sólo incrementarán tu calidad mundana. Aunque te esfuerces por llevar a cabo obras virtuosas en tu cuerpo, tu forma de hablar y tu mente, tanto de día como de noche, si no dedicas esa labor a la iluminación de todos terminarás teniendo una infinidad de conceptos [visiones] erróneos. Aunque medites y lleguen a considerarte un santo y un sabio maestro, si no abandonas tus intereses en las ocho preocupaciones mundanas, cualquier cosa que hagas sólo servirá para los propósitos de esta vida y en el futuro no encontrarás el sendero correcto”. (Geshe Wangyal, Door of Liberation, Wisdom Publications, Boston 1995, p. 84)

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Observa tu propia mente
Una vez, uno de sus discípulos le preguntó: “¿es posible que alguien que haya percibido profundamente... la vacuidad alcance la budeidad con tan sólo la sabiduría y la meditación en la vacuidad?” Atisha respondió:

“Cualquier cosa que percibas, cualquier cosa que proclames, sea lo que sea, no hay nada que no provenga de tu propia mente. Comprende que esa percepción de la mente está vacía. Entender la no-dualidad de lo que percibe la mente y de la vacuidad es sabiduría. Meditar es concentrarse continuamente en esta sabiduría sin distraerse. Las obras son la acumulación de mérito y de sabiduría mientras logras ver, por medio de esta meditación, que todo es como una ilusión. Cuando te halles bajo la influencia de estas tres, su práctica vendrá a ti incluso en sueños. Cuando eso te suceda en los sueños te ocurrirá también en el momento de la muerte. Cuando te ocurra en el momento de la muerte, estará presente en el bardo. Cuando esté presente en el bardo, con toda certeza lograrás el siddhi superior y llegarás a ser un buda”. (Íbid., p. 86)

Vacuidad y Compasión
En otra ocasión, alguien le preguntó, “¿Cuál es el objetivo final de la enseñanza?”. Atisha respondió:

“El objetivo final de la enseñanza es la posesión de la esencia de la vacuidad y la compasión. Así como en el mundo hay una panacea para todas las enfermedades, llamada la medicina solitaria y heroica, está también la clara percepción de la vacuidad, que pone remedio a todas las pasiones que nos encadenan”.

“Pero hay muchos que afirman haber percibido claramente la vacuidad. ¿Por qué persisten su ira y sus apegos?”.

“Ellos pronuncian palabras vacías, ya que cuando en verdad has percibido con claridad el significado de la vacuidad, tu cuerpo, tus palabras y tu mente reaccionan con placer, como la mantequilla fresca que se resbala dentro de la sopa de cebada. El gran sabio Aryadeva dijo:

¿Es la naturaleza de la existencia vacía o no?
Tan solo el dudarlo hará que samsara se divida

“Por lo tanto, cuando percibes con claridad el significado correcto de la vacuidad es como cuando tomas la medicina solitaria y heroica, puesto que todo el sendero está incluido en esa percepción”.

“¿De qué manera incluyes todo el sendero dentro de la clara percepción de la vacuidad?”, preguntaron los discípulos.

“Todo el sendero está incluido en las seis trascendencias (paramitas). Cuando percibes con claridad el significado correcto de la vacuidad (y pierdes ese ciego anhelo que te hace perseguir todas las cosas, materiales y espirituales) tu vida se vuelve un acto fluido de generosidad trascendente. Cuando ya no hay apego ya no te corrompe la impureza de las obras que no son virtuosas y entras en la siempre fluida armonía de la práctica moral trascendente. Cuando ocurre esta liberación de la corrupción también te liberas de la dominación apasionada de “yo” y “mío” y alcanzas la siempre fluida paciencia trascendente. Cuando te regocijas en la clara percepción de la vacuidad tu vida se vuelve un esfuerzo trascendente siempre fluido. Por medio de éste pierdes la atracción que sentías por todos los objetos y entras en la siempre fluida meditación trascendente. Por último, cuando tu mente se libera del hábito de verlo todo a través del prisma de tres aspectos (por ejemplo, los tres aspectos de la generosidad son: el acto de dar, el que está dando y el que está recibiendo) alcanzas la siempre fluida sabiduría trascendente”. (Íbid., pp. 84-85)

Fuente: Teachers of Enlightenment, Kulananda, Windhorse Publications.

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